Hace un par de meses participé en una conferencia donde un asistente me reprochaba que las candidaturas independientes “están acabando con los partidos políticos” y que no era posible organizar al país sólo alrededor de ellas, pues México necesitaba de los partidos. Sé que a muchas personas les incomoda y molesta hablar sobre partidos políticos; por muchos años han sido señalados como rémoras, como chupa-presupuesto,
como organismos corruptos y como los culpables del malestar social. A pesar de ello considero que tiene sentido hablar de ellos en estos días. Buena parte de construir un nuevo país descansa en la posibilidad de que reconstruyamos, discutamos y reconceptualicemos a los partidos.
Pero vamos de atrás para adelante con el análisis. ¿México necesita de partidos políticos para construir gobiernos? O dicho de otra manera, ¿podríamos organizarnos exclusivamente sólo a través de candidaturas independientes?
Aunque parezca contradictorio con el origen de mi candidatura, creo en la idea de los partidos políticos porque pueden funcionar como punto de encuentro para quienes piensan de manera similar respecto a temas importantes para el país, como los métodos para acabar con la pobreza, el papel que debe jugar la sociedad civil y el periodismo, los modelos fiscales y la redistribución de la riqueza, el modelo económico o energético, las libertades y la diversidad social y demás temas relevantes.
Los partidos nacen para eso, para discutir nuestros anhelos, para aglutinar nuestros ideales de país en un solo lugar y para que pueda existir un ente colectivo que se encargue de llevar a cabo dichos intereses. ¿Esto podría pasar sólo con candidaturas independientes? Yo creo que no, o en todo caso a través de la unión de muchos independientes que pudieran formar una especie de partido sin registro. Ciertamente hay pueblos que han hecho cosas maravillosas sin partidos, donde la organización comunitaria ha florecido a través de asambleas, usos y costumbres o concejos; sin embargo, se antoja complicado que un país entero pueda construir una transición hacia dichos modelos en el corto plazo.
Ahora la segunda y más interesante pregunta, ¿las candidaturas independientes estamos acabando con los partidos? Sostengo que no es así. De hecho, creo que la semilla de la destrucción de los partidos descansa en su mismísimo seno, en sus prácticas, sus vicios y sus dirigencias.