Antes que nada, les deseo a todos nuestros lectores un año 2019 pleno de felicidad, de igual manera a nuestro director general Luís Fernando Nieto y a todos los que colaboran en este tenebroso esfuerzo. Ahora sí, "a lo que te truje Chencha".

En la pasada semana escuche y leí sobre una noticia que en lo particular me parece alarmante, más que preocupante, se nos informó que los vecinos del ejido de la Palma municipio de Tamasopo S.L.P., se declaraban municipio autónomo a partir del día primero del presente año, esto de manera unilateral, es decir, sin la autorización del H. Congreso del Estado para constituir un nuevo municipio.

Pero la información también nos dice que los vecinos de La Palma, no quieren un municipio libre, si no un municipio autónomo. ¿Pero en qué se diferencian un concepto del otro?.

El que esto escribe, es un profundo admirador y defensor de las culturas indígenas, pero no por esto quiero decir que me declare a favor de la balcanización del país y que no comprenda lo que se esconde bajo las “buenas intenciones” de los promotores de la autonomía indígena.

En mi modesta opinión creo, es el momento de poner sobre la mesa la necesidad de discutir en el estado de San Luís Potosí en lo particular y, en el país en general el tema de los municipios autónomos.

Pero un debate serio, sin atavismos, que profundice en las diversas implicaciones que tendrá la creación de estos frankesteins jurídicos para toda la sociedad.
Por qué del calificativo?, porque esta figura jurídica nacida de la cruda social de la rebelión zapatista, producirá un contraste entre dos órdenes jurídicos con zonas de encuentro de distinto tipo.

Si entendemos, por una parte, que el derecho indígena es fundamentalmente consuetudinario, es decir, basado en usos costumbres y tradiciones y, por la otra, que tiene un sustrato comunitario respaldado en cosmovisiones particulares que, difieren del orden jurídico general, lo más seguro es que se localicen conflictos como los suscitados en los estados de la República, donde ya existen estas formas de gobierno.

Los municipios autónomos tienen su origen en los llamados Acuerdos de San Andrés Larráinzar, acuerdos firmados entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los gobiernos federal y estatal de Chiapas, que pusieron fin al levantamiento neo-cristero (que no indígena) de 1995.

A partir de aquí, se enumeran siete fracciones que definen los derechos específicos que tendrían todos los pueblos indígenas de México en el ejercicio de sus derechos de libre determinación y autonomía:

I) Decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural.

II) Aplicar sus propios sistemas normativos en la regularización de sus conflictos internos...

III) Elegir de conformidad con sus normas y procedimientos tradicionales a las autoridades y representantes para el ejercicio de sus formas de gobierno interno...

IV) Preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y demás elementos que constituyan su cultura e identidad.

V) Conservar y mejorar su hábitat...

VI) Acceder, con respeto a las formas y modalidades de propiedad y tenencia de la tierra establecidas en esta Constitución y a las leyes de la materia, al uso y disfrute preferente de los recursos naturales de los lugares que habitan y ocupan las comunidades... [y]

VII) Elegir, en los municipios con población indígena, representantes ante los ayuntamientos.

Como se comprende la fracción I, lo único que pretende es que las comunidades indígenas continúen con sus a-históricas formas de producción, basadas en el minifundio y autoconsumo y que no generan riqueza ni su distribución.

Al dejar sus viejas formas organizacionales, ¿vamos a permitir la discriminación de la mujer?. Recuerden nuestros anacrónicos “defensores indígenas” los conflictos que se han suscitado en donde existen estos Frankesteins, entre los varones y algunas mujeres que han aspirado a las presidencias municipales y que sus usos y costumbres, que no son mal intencionados, (sino que son propios de la época anterior a la conquista), provocan que en el interior de muchos pueblos indígenas las mujeres están en desventajas en comparación con los hombres.

Los hombres consideran que las mujeres no trabajan, ellas solamente ayudan o hacen cosas, mientras que los hombres son los que trabajan; resalta una división sexual y generacional del trabajo muy marcado. Sin embargo, en la práctica cuando los hombres se ausentan las mujeres asumen la mayor parte de las tareas “masculinas” adicionalmente a las propias.

La mayoría de las mujeres indígenas solo deciden normalmente en aspectos relacionados con las tareas y roles que cumplen, en cambio los hombres deciden prácticamente todo y ellas incluso, deben pedir permiso para salir de casa, para participar en reuniones o hasta para comprarse un vestido.

El grado de participación de las mujeres en las tomas de decisiones en las comunidades o en la organización indígena, varía mucho de lugar en lugar. Muchas mujeres indígenas sienten miedo y vergüenza al hablar adelante de los hombres en espacios públicos.

La fracción II, les permite a las comunidades resolver sus conflictos entre ellos y con los vecinos.

Recordemos que en Valles ya ha existido un conflicto entre las comunidades indígenas de Aquismon y las de Valles por el agua de Santa Anita y, que como cada quien se dice dueño no llegan a ningún acuerdo, de no ser porque afortunadamente en nuestro estado rigen las leyes generales, este conflicto se hubiese arreglado a machetazo.

La fracción tres, es otra lindura de balcanización, pues implica que existan formas de gobierno diferentes a la de los demás mexicanos.

Los otros puntos, difícilmente encontraremos desacuerdos, porque solo un tonto se opondría a no preservar lenguas y cultura indígenas, pues la diversidad cultural enriquece, pero esta preservación no debe de implicar aislamiento cultural de los pueblos, pues si bien es cierto que debemos preservar lengua y cultura, también es cierto que el mundo vive la era del conocimiento, y que el ser humano que no hable el inglés como primera como segunda lengua y en nuestro caso el español como primera, que domine la ciencias básicas y tenga una formación moral universal, está condenado a solo ser útil como sirviente y como mano de obra vasalla.

No podemos tener dos México, uno que se esfuerza por insertarse en la posmodernidad y, otro que algunos quieren se quede en el anacronismo, sumido en el siglo IVX, como una fuente inagotable de vasallos.

Señores promotores del municipio autónomo de La Palma, porque los ejidatarios son manipulados por estos falsos redentores de los indígenas, muchos mexicanos conocemos de las negras intenciones que esconden bajo su paternal manto de defensa de los pueblos indígenas, y pelearemos por poner fin a la discriminación de cualesquier tipo en nuestro país.

Se trata de integrarnos todos en un México unido, sólido en su diversidad cultural, pero que esta sea nuestra amalgama y no nuestra barrera, un solo México donde no se distinga de indígenas, mestizos y blancos, ¿qué no se acuerdan los redentores como era la división de castas en la colonia?.

Nuestra esperanza radica en que el H. Congreso del Estado no tome actitudes demagógicas y no permita la balcanización de San Luís Potosí.