La nueva administración municipal va a tener que llegar a limpiar la casa, no solamente en sentido figurado; en estricto así será.
La presidencia municipal la dejan con las "patas para arriba", con una nómina abultada, obras inconclusas, calles destrozadas y sin alumbrado, maquinaria abandonada, y graves problemas de recolección de basura y en el servicio de agua potable.
Las arcas municipales fueron saqueadas, se dedicaron a mantener nóminas millonarias y a gastar el dinero del Ayuntamiento en quien sabe qué, porque nada está claro, no hay transparencia.
El gobierno de Jorge Terán aumentó de 80 a 180 millones de pesos la deuda pública, ¿En qué los invirtió? es la pregunta del millón y de millones.
Lo único que quedó claro es que se despacharon con la cuchara grande y si quizás para eso endeudó al municipio, para poder cubrir los sueldos prometidos a familiares y amigos que engrosaron la nómina y que ganaban muy bien nada más por ir a firmar.
Dependencias como la DAPAS se convirtió en una agencia de colocación para cumplir los compromisos del alcalde saliente. El organismo operador del servicio del agua quedó obsoleto ante las necesidades de los usuarios por la excesiva nómina y la voracidad de su sindicato.
Jorge Terán deja un "deshuesadero"; camiones de basura descompuestos, patrullas inservibles que abandonaron como fierro viejo cuando solo les faltaba una llanta y maquinaria pesada de millones de pesos, también abandonada.
A pesar de que Terán presumió su lucha contra el crimen, la incesante venta de la droga conocida como “cristal” aumentó en el trienio que él gobernó.
En Ciudad Valles tampoco hay inversión; ni cinco de esas 99 empresas que presumía en campaña.
Cuando empiecen a remover el polvo, encontrarán las huellas de quienes se ensuciaron las manos para dejar a un Valles hundido en una crisis financiera y de hartazgo social.
Ya han sido juzgados y sentenciados por el tribunal de la opinión pública. Son la peor legislatura que ha existido en los últimos tiempos. Se ganaron a pulso esta fama. Los diputados y diputadas que el próximo trece de septiembre concluyen su mandato (salvo honrosas excepciones) hicieron un lamentable papel. Dañaron la dignidad y el poco prestigio que le quedaba al poder legislativo.
No se van con la frente en alto. Cargan en su conciencia terribles historias de indignidad. Fueron protagonistas de innumerables infamias.
Unos se van y otros llegan. El 14 de septiembre comienza un nuevo ciclo en el Congreso del estado. Empezará a escribirse una nueva historia. Puede ser otro ciclo de deshonra o el inicio de un tiempo ejemplar que restaure la dignidad de ese espacio donde se supone reside el imperio del pueblo.
A los diputados y diputadas que debutan les esperan grandes retos, volver a lo básico: dignificar la labor legislativa haciendo valer una auténtica división de poderes; realizar, sin complicidades, las funciones de vigilancia y control del poder Ejecutivo, el Judicial y los Ayuntamientos. Liberarse del sometimiento que tradicionalmente ha ejercido el gobernador sobre esta Asamblea. Elevar el debate parlamentario que fue tan degradado por diputados bufones que convirtieron la “máxima tribuna del estado” en un vertedero de inmundicias. Acabar con privilegios, practicar la austeridad, desaparecer presupuestos para gestoría que solo han servido para encubrir atracos y legislar para que a través de la ley y las instituciones se combata la corrupción, impunidad e inseguridad que hoy ofenden y hieren a la comunidad. Aumentar derechos en favor de los ciudadanos y reorientar el gasto público para combatir la desigualdad económica y social. Defender los derechos humanos y la libertad de expresión. Legislar en favor de las minorías discriminadas y ofendidas. Presionar para que haya transparencia y rendición de cuentas de parte de todos los funcionarios y entes obligados. Cuidar que las finanzas de los municipios se conserven sanas y, en fin, ser un poder dialogante y comprometido con las demandas de los ciudadanos.
¿Héroes o Villanos?
La LXII (62) Legislatura que entra en funciones este 14 de septiembre tiene características muy particulares. Se integra con una mayoría de diputados de Morena y sus aliados (PT y PES) ,10 en total. La segunda minoría la organiza el Partido Acción Nacional con 6 legisladores, la tercera fuerza la constituye el PRI con 5 parlamentarios y luego tenemos las mini bancadas (La chiquillada), PVEM con 2, PRD 1, MC 1, PCP 1 y PNA un diputado.
En este momento es un misterio saber si a nivel local se van a dar alianzas parlamentarias que fortalezcan aún más a Morena. A nivel nacional ya se supo que el Partido Verde Ecologista decidió divorciarse del PRI después de 15 años de matrimonio y sumar sus diputados al partido fundado por López Obrador. Si esto llegara a ocurrir en nuestro estado, Morena y sus aliados (incluyendo al Verde) tendrían 12 votos para lo que se ofrezca, con ello estarían en posibilidad de obligar al gobernador a bailar al son que ellos le toquen.
Si a esto se suma que el Partido Acción Nacional y el PRD tienen agravios contra Juan Manuel Carreras (reales o ficticios) derivados de un presunto mangoneo en las últimas elecciones de Tamazunchale y el municipio de la capital, entonces el escenario para el gobernador se complica.
A partir de ahora tratar con el nuevo Congreso del estado ya no será un tranquilo paseo por las arboledas del parque Tangamanga. A Juan Manuel Carreras se le acabó la luna de miel con los partidos de oposición.
Debido a que el partido del gobernador es minoría en el Congreso local el titular del Ejecutivo se verá obligado a cambiar su estilo de gobernar. Ya no podrá imponer a capricho la agenda legislativa, ni definir arbitrariamente la forma en que se va a gastar el presupuesto de cada año. Al mismo tiempo, Carreras y sus funcionarios estarán más vigilados y habrá un control más estricto de su desempeño. La integración del nuevo Congreso puede dar vida a nuevas formas de ejercicio del poder.
Aunque en la práctica está por verse si los nuevos diputados se toman en serio su papel de freno y contrapeso de las acciones del gobernador y los otros poderes. La duda vale, pues es posible que los legisladores que arriban se dejen seducir por los embrujos del poder. Las tentaciones son muchas y ya se sabe que el poder y el dinero trastornan la personalidad de los mediocres y acomplejados.
Conocedores de la naturaleza humana los hombres que ejercer el poder tiende tradicionalmente a utilizar como estrategia la seducción, la adulación y la fuerza corruptora del dinero para doblegar la voluntad y el voto de los legisladores.
El partido que más responsabilidad tiene para evitar que esto ocurra es Morena (No mentir, no robar, no traicionar al Pueblo).
Ellos y su líder nacional, Andrés Manuel López Obrador, son quienes se han comprometido ante el pueblo de México a provocar un cambio verdadero (La Cuarta Transformación de la República). Son, según su propaganda: “La esperanza de México”. ¿Cumplirán su palabra o acabaran repitiendo la lamentable historia de la legislatura que ya se va?
Por otro lado hay que considerar que entre los que llegan al Congreso hay diputados y diputadas con experiencia y prestigio que tiene legítimas aspiraciones de ascender a otros cargos de elección popular en 2021 (a la gubernatura, por ejemplo). Si quieren ganara más reputación actuaran con profesionalismo, madurez e independencia para no dar la impresión de que se convirtieron en lacayos del gobernador.
Habrá que observarlos, darles seguimiento y juzgarlos a partir de lo que hagan a partir de ahora. Pueden ser héroes o villanos, construirse un sólido futuro político o hundirse en el fango del desprestigio.
Apaleados, humillados, maltrechos, arrastrando la dignidad por los suelos, así se fueron los diputados de la 61 Legislatura. La sociedad ejerció su derecho a la indignación y los despidió con manifestaciones de repudio.
En sus últimos días, los diputados que ya se fueron tuvieron que soportar una catarata de críticas e insultos provocados por su desastroso desempeño.
A éstos exlegisladores les espera un futuro cargado de deshonra. Por un tiempo estarán políticamente muertos. Aunque no hay que olvidar que en política los muertos resucitan.
En su despedida nos entregaron un último acto de simulación. El pasado 12 de septiembre de manera tramposa, con prisas, casi en solitario y protegidos por un pelotón de policías personificaron una farsa que pretendió ser un informe final.
Se han ido, pero su desempeño a lo largo de 3 años nos ofreció historias que dan cuenta de la crisis por la que atraviesan las instituciones de representación popular.
Los ex diputados fueron siempre los malos de la película, los villanos, los actores fachosos que convirtieron la tribuna y el recinto legislativo en una carpa de circo. Sus desfiguros fueron memorables. Destacaron como ejecutantes El Tekmol, Desfassiux, Oscar Vera y don Pepe Belmares. Consumados actores de la picaresca política hicieron inolvidables muchas actuaciones en donde, por ejemplo, Romero Calzada (El Tekmol) dejó la comodidad de su curul para bailar chúntaro y cumbia colombiana en los pasillos del Congreso haciendo las delicias del público pero denigrando enormemente la imagen de los diputados.
¿Cómo no recordar la pantomima escenificada por Desfassiux y Oscar Bautista cuando intentaron agarrarse a golpes en el redondel del Pleno del Congreso? Inolvidables también las revolcadas que Oscar Vera les daba a sus compañeros con argumentaciones jurídicas que siempre terminaban con un acto de indulgencia de su parte al decirles: “los disculpo por su torpeza, pero no abusen de su ignorancia”. Y la “ternurita” que provocó aquel episodio chusco y cínico en el que don Pepe Belmares hacia su itacate con las sobras que quedaban de las reuniones de trabajo. De película.
Como en botica, hubo de todo. Corrupción, abusos, tráfico de influencias, poca productividad. Fue una legislatura sumisa, mercenaria, opaca, errática y grotesca. Cometieron excesos y devaluaron hasta la náusea la dignidad e imagen de los diputados. ¿Recuerda usted a esa pandilla terrible que se bautizó a sí misma como “Los Broncos”?
Es imposible olvidar el escándalo que provocó “La Ecuación de la Corrupción”, o la fallida transa que pretendieron hacer algunos diputados con el proyecto de cambio de luminarias en complicidad con la empresa PANAVI y el Ayuntamiento de la capital. ¿Y qué tal las facturas apócrifas con las que intentaron justificar 40 millones de pesos que recibieron para gestoría? ¿O qué decir de las conjeturas de malversación de fondos en obras de inversión que no se realizaron o fueron mal hechas en diferentes municipios y para lo cual los diputados recibieron 56.8 millones de pesos en 2017?
En cuanto a los niveles de productividad legislativa es suficiente señalar que los diputados que ya se fueron dejaron un rezago de más de 500 iniciativas de ley que no pudieron o no quisieron dictaminar.
Por si fuera poco la legislatura que acaba de concluir se caracterizó por su perfil conservador. Importantes propuestas que buscaban empoderar a los ciudadanos fueron rechazadas o desvirtuadas. Tal fue el caso de la que quiso ser una nueva Ley de Participación Ciudadana que proponía fortalecer las figuras de plebiscito y referéndum y a las que se intentó sumar otras como la consulta ciudadana vecinal, presupuesto participativo y la revocación de mandato. Al rechazar estas propuestas los diputados cerraron las puertas a más controles ciudadanos sobre la actuación del gobierno.
Tampoco quisieron los diputados de triste memoria dar vida institucional a una Fiscalía General autónoma y liberada de la influencia del gobernador. Actuaron por consigna y acabaron aprobando un “Fiscal Carnal” al elegir a un amigo y colaborador de Juan Manuel Carreras, al Lic. Federico Garza. Un Fiscal a modo.
De igual forma aceptaron en negociaciones obscuras nombrar a un Fiscal Anticorrupción vinculado con un partido político. Con ello el combate a este cáncer quedó sin credibilidad. Jorge Vera, actual Fiscal Anticorrupción, es hijo del diputado Oscar Vera Fabregat dueño a perpetuidad del partido Conciencia Popular. Este arreglo fue lo que hizo posible que el voto de este legislador siempre apoyará las iniciativas del gobernador. Toda una regresión, una contrarreforma que traicionó el espíritu de las leyes anticorrupción que fueron pensadas para tener funcionarios independientes que no se sometieran a la consigna y poderío del gobernador en turno.
Y para cerrar con broche de oro los repudiados diputados de la 61 legislatura le aprobaron al gobernador comprometer participaciones federales por un monto de mil 200 millones de pesos para pagar una añeja deuda con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).
Resulta que estos adeudos se generaron desde 2007 debido a que el gobierno del estado no pagó al ISSSTE las cuotas que descontaba a maestros y a otros trabajadores.
Lo criticable es que se cargue al erario público una pesada deuda por 10 años (vía un crédito fiscal) y que los diputados no hayan exigido al mismo tiempo castigo para los funcionarios que provocaron este problema.
Esta larga cadena de agravios contra la sociedad explica el rechazo y desprestigio que sufrieron los diputados que ya se fueron. Revela también por qué hasta el último día de su actuación fueron tan odiados. Vale entonces un Requiescat in pace (RIP) para los diputados que ya se han ido.
Sucedió hace 27 años, un nueve de octubre de 1991. San Luis Potosí se convulsionaba por un conflicto postelectoral. Se habían celebrado elecciones el 18 de agosto. Se enfrentaron por la gubernatura Fausto Zapata Loredo, del PRI, y Salvador Nava Martínez, de la Coalición Democrática Potosina.
El triunfo fue para el candidato del PRI, pero Nava y sus seguidores no reconocieron al ganador, denunciaron fraude y acusaron a Zapata de “usurpador”. Los navistas iniciaron entonces acciones de resistencia civil dando vida a uno de los capítulos más notables de nuestra vida política. Se afianzó en aquella época la estrategia de provocar conflictos postelectorales como vía alterna, no institucional, para doblegar al sistema político cuando las elecciones eran tachadas de fraudulentas.
Desde el 25 de agosto de aquel año las protestas en las calles y plazas públicas comenzaron. Mítines, marchas silenciosas, plantones, bloqueos a Palacio de gobierno, jornadas de ayuno y oración más incendiarios discursos de los líderes navistas fueron creando una atmósfera de ingobernabilidad.
El conflicto postelectoral escaló hasta los cielos convirtiéndose en un tema de la agenda política nacional del que no pudo librarse el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.
Los navistas no quisieron acudir a los tribunales para enmendar el “fraude” y exigieron al presidente de la república su intervención para resolver, por la vía política, el conflicto que para entonces ya había desquiciado la gobernabilidad del estado.
Salinas cedió y Fausto Zapata fue defenestrado. Apenas duró 14 días como gobernador.
Fue un 9 de octubre de 1991, a las 9 de la noche, cuando Teófilo Torres Corzo, líder del Congreso local, anunciaba en rueda de prensa que Fausto Zapata había renunciado a la gubernatura. Se procedió entonces a nombrar a un gobernador interino. Gonzalo Martínez Corbalá fue el elegido.
La estrategia de resistencia civil y el conflicto postelectoral habían triunfado. Los priistas quedaron tremendamente agraviados por la decisión de Carlos Salinas de Gortari.
Otros casos a nivel municipal.
En aquel emblemático año de 1991 ocurrieron también dos casos atípicos de rebelión ciudadana y conflicto postelectoral que retaron con éxito al autoritarismo del sistema político imperante. Las hazañas cívicas ocurrieron en Cárdenas y Tamazunchale.
El PRI había impuesto candidatos a presidentes municipales en aquellos municipios. Ante el atropello surgieron dos candidatos “independientes” de fuerte raíz priista que habían sido excluidos. Fuertemente respaldados por los ciudadanos de sus municipios decidieron enfrentar la antidemocracia compitiendo como “candidatos no registrados”. La legislación electoral de aquel entonces permitía que en la boleta apareciera un espacio para que se pudiera votar por estos candidatos.
Fue así que el doctor Amonario Díaz de León, en Cárdenas, dio la batalla por la alcaldía de su querido pueblo. Era tan apreciado y popular en su terruño que el galeno que le dio una arrastrada al candidato oficial del PRI.
Al mismo tiempo y encabezando un movimiento popular de resistencia civil en Tamazunchale, contendió por la presidencia municipal Tatiano Pérez Olvera, priista rebelde que utilizó engomados con su nombre que fueron pegados en la boleta electoral logrando ganar de manera apabullante al candidato del PRI con 11,407 votos a su favor.
En ambos casos la autoridad electoral no reconoció estos triunfos provocando con ello conflictos postelectorales que derivaron en inestabilidad social y perdida de la gobernabilidad.
Ante el caos que se provocó por esta injusticia, el Congreso del Estado se vio obligado a declarar la ingobernabilidad en estos municipios y convocó a elecciones extraordinarias. Para competir en la nueva elección y en un alarde de pragmatismo el PRI postuló a Don Amonario Díaz de León y a Tatiano Pérez Olvera (Cárdenas y Tamazunchale respectivamente) como sus candidatos. Sobra decir que ambos ganaron de manera categórica. La resistencia civil y el conflicto postelectoral volvieron a triunfar.
La historia se repite.
A 27 años de los sucesos aquí relatados pareciera que la historia se repite, aunque con matices y actores diferentes. Otra vez Tamazunchale es protagonista de la historia. Nuevamente hay riesgos de ingobernabilidad y de que el conflicto postelectoral renazca en aquel municipio.
La comedia de enredos que hemos visto en la elección municipal de este lugar nos muestra que las elecciones siguen siendo pervertidas por prácticas irregulares que van desde la compra del voto, la intervención ilegal de los gobiernos municipal y estatal, pasando por la incapacidad de la autoridad electoral para ejercer como árbitro.
En política lo que parece es, por ello resulta difícil entender, por ejemplo, la imprudencia cometida por el secretario privado del gobernador, Edmundo Torrescano al haber actuado como representante del PRI (¿O tal vez del gobernador?) en el conflicto que se está dando entre PAN y PRI por Tamazunchale. El joven priista y su jefe ignoraron la enseñanza de Don Jesús Reyes Heroles que instruye: “en política, la forma es fondo”.
Y qué decir de las pifias cometidas por el CEEPC, máxima autoridad electoral en el estado, cuando manoseó y erró de tal forma en la calificación de esta elección que sembró el sospechosismo. Primero dieron el triunfo al PRI y luego admitieron que se equivocaron en el recuento de votos y le otorgaron el gane al PAN.
Y como cereza del pastel ocurrió que el Tribunal Estatal Electoral dictó la anulación de cuatro casillas al dar valor probatorio a una sospechosa acta notarial en la que presuntamente se dio fe de haber observado compra de votos. Esto provocó que finalmente hubiera una nueva reasignación del triunfo que favoreció al PRI. Más leña al fuego.
En Tamazunchale se está formando la tormenta perfecta. El resultado final es de pronóstico reservado. Creo que se está subestimado la capacidad de rebelión y resistencia de una buena parte de los ciudadanos de este municipio.
Apaleados, humillados, maltrechos, arrastrando la dignidad por los suelos, así se fueron los diputados de la 61 Legislatura. La sociedad ejerció su derecho a la indignación y los despidió con manifestaciones de repudio.
En sus últimos días, los diputados que ya se fueron tuvieron que soportar una catarata de críticas e insultos provocados por su desastroso desempeño.
A éstos exlegisladores les espera un futuro cargado de deshonra. Por un tiempo estarán políticamente muertos. Aunque no hay que olvidar que en política los muertos resucitan.
En su despedida nos entregaron un último acto de simulación. El pasado 12 de septiembre de manera tramposa, con prisas, casi en solitario y protegidos por un pelotón de policías personificaron una farsa que pretendió ser un informe final.
Se han ido, pero su desempeño a lo largo de 3 años nos ofreció historias que dan cuenta de la crisis por la que atraviesan las instituciones de representación popular.
Los ex diputados fueron siempre los malos de la película, los villanos, los actores fachosos que convirtieron la tribuna y el recinto legislativo en una carpa de circo. Sus desfiguros fueron memorables. Destacaron como ejecutantes El Tekmol, Desfassiux, Oscar Vera y don Pepe Belmares. Consumados actores de la picaresca política hicieron inolvidables muchas actuaciones en donde, por ejemplo, Romero Calzada (El Tekmol) dejó la comodidad de su curul para bailar chúntaro y cumbia colombiana en los pasillos del Congreso haciendo las delicias del público pero denigrando enormemente la imagen de los diputados.
¿Cómo no recordar la pantomima escenificada por Desfassiux y Oscar Bautista cuando intentaron agarrarse a golpes en el redondel del Pleno del Congreso? Inolvidables también las revolcadas que Oscar Vera les daba a sus compañeros con argumentaciones jurídicas que siempre terminaban con un acto de indulgencia de su parte al decirles: “los disculpo por su torpeza, pero no abusen de su ignorancia”. Y la “ternurita” que provocó aquel episodio chusco y cínico en el que don Pepe Belmares hacia su itacate con las sobras que quedaban de las reuniones de trabajo. De película.
Como en botica, hubo de todo. Corrupción, abusos, tráfico de influencias, poca productividad. Fue una legislatura sumisa, mercenaria, opaca, errática y grotesca. Cometieron excesos y devaluaron hasta la náusea la dignidad e imagen de los diputados. ¿Recuerda usted a esa pandilla terrible que se bautizó a sí misma como “Los Broncos”?
Es imposible olvidar el escándalo que provocó “La Ecuación de la Corrupción”, o la fallida transa que pretendieron hacer algunos diputados con el proyecto de cambio de luminarias en complicidad con la empresa PANAVI y el Ayuntamiento de la capital. ¿Y qué tal las facturas apócrifas con las que intentaron justificar 40 millones de pesos que recibieron para gestoría? ¿O qué decir de las conjeturas de malversación de fondos en obras de inversión que no se realizaron o fueron mal hechas en diferentes municipios y para lo cual los diputados recibieron 56.8 millones de pesos en 2017?
En cuanto a los niveles de productividad legislativa es suficiente señalar que los diputados que ya se fueron dejaron un rezago de más de 500 iniciativas de ley que no pudieron o no quisieron dictaminar.
Por si fuera poco la legislatura que acaba de concluir se caracterizó por su perfil conservador. Importantes propuestas que buscaban empoderar a los ciudadanos fueron rechazadas o desvirtuadas. Tal fue el caso de la que quiso ser una nueva Ley de Participación Ciudadana que proponía fortalecer las figuras de plebiscito y referéndum y a las que se intentó sumar otras como la consulta ciudadana vecinal, presupuesto participativo y la revocación de mandato. Al rechazar estas propuestas los diputados cerraron las puertas a más controles ciudadanos sobre la actuación del gobierno.
Tampoco quisieron los diputados de triste memoria dar vida institucional a una Fiscalía General autónoma y liberada de la influencia del gobernador. Actuaron por consigna y acabaron aprobando un “Fiscal Carnal” al elegir a un amigo y colaborador de Juan Manuel Carreras, al Lic. Federico Garza. Un Fiscal a modo.
De igual forma aceptaron en negociaciones obscuras nombrar a un Fiscal Anticorrupción vinculado con un partido político. Con ello el combate a este cáncer quedó sin credibilidad. Jorge Vera, actual Fiscal Anticorrupción, es hijo del diputado Oscar Vera Fabregat dueño a perpetuidad del partido Conciencia Popular. Este arreglo fue lo que hizo posible que el voto de este legislador siempre apoyará las iniciativas del gobernador. Toda una regresión, una contrarreforma que traicionó el espíritu de las leyes anticorrupción que fueron pensadas para tener funcionarios independientes que no se sometieran a la consigna y poderío del gobernador en turno.
Y para cerrar con broche de oro los repudiados diputados de la 61 legislatura le aprobaron al gobernador comprometer participaciones federales por un monto de mil 200 millones de pesos para pagar una añeja deuda con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).
Resulta que estos adeudos se generaron desde 2007 debido a que el gobierno del estado no pagó al ISSSTE las cuotas que descontaba a maestros y a otros trabajadores.
Lo criticable es que se cargue al erario público una pesada deuda por 10 años (vía un crédito fiscal) y que los diputados no hayan exigido al mismo tiempo castigo para los funcionarios que provocaron este problema.
Esta larga cadena de agravios contra la sociedad explica el rechazo y desprestigio que sufrieron los diputados que ya se fueron. Revela también por qué hasta el último día de su actuación fueron tan odiados. Vale entonces un Requiescat in pace (RIP) para los diputados que ya se han ido.