Hace un año, el primero de julio, Andrés Manuel López Obrador ganó de manera contundente las elecciones para presidente de la república. El tabasqueño sorprendió por la forma avasalladora en que triunfó. Su victoria marcó el inicio de una ruptura con el pasado. AMLO afirma haber terminado con las políticas neoliberales que durante 30 años dominaron la agenda pública del gobierno mexicano. “El cambio ya llegó”, dice, “estamos en la Cuarta Transformación de México”.

Para celebrar esta “hazaña de la democracia” este día se organiza un acto de propaganda en el Zócalo de la Ciudad de México en donde miles de seguidores del presidente aplaudirán llenos de entusiasmo el mensaje triunfal de su líder.

Se justifica que López Obrador convoque a un evento como este. Está en todo su derecho de festejar, de hacer un alto en el camino para difundir los logros de su gobierno en estos primeros 7 meses de actuación.

Para mantener altos niveles de aprobación tiene que legitimar su desempeño procurando que su visión de la realidad sea la dominante. Debe imponer a la sociedad un relato épico en el que se establezca que todo va bien, minimizar los errores y culpar a los “malvados” de los obstáculos y perturbaciones que se han presentado en estos iniciales meses de gobierno.

Pero como vivimos en una sociedad plural en la que no todos piensan lo mismo y en donde es normal que haya oposición al proyecto gobernante, las minorías partidistas, los grupos de presión y los intereses asociados a la economía global no comparte el entusiasmo de AMLO y sus seguidores.

Hay que entender y respetar la euforia con que se está celebrando este primer aniversario del triunfo de López Obrador. Pero también es necesario realizar un ejercicio de crítica que señale errores, excesos y contradicciones. Se ocupa en estos momentos llevar a cabo una lectura crítica desde otro mirador, el de la oposición. Una mirada alternativa que sosiegue la autocomplacencia, la propaganda y el engaño.

Una evaluación crítica de los primeros 7 meses de gobierno de AMLO.
Los nuevos dueños del poder se definen a sí mismos como un gobierno de izquierda. Pero para expertos en sistemas políticos López Obrador no es más que una copia del nacionalismo revolucionario del PRI de los años setenta. Lo consideran un populista que está reciclando las peores prácticas de la era predemocrática de México.
Con su llegada al poder ha regresado el culto a la personalidad, un gobierno sin contrapesos, la demagogia y la tiranía de las decisiones verticales. Ha resucitado el clientelismo político, el asistencialismo que genera discapacidad social, la intolerancia hacia los que piensan diferente, en especial hacia la prensa crítica y los intelectuales que no se someten al nuevo catecismo del gobierno.

Se aplaude al gobierno de López Obrador su lucha contra la corrupción, la impunidad y la injusticia social. Todo eso está muy bien y es lo que los votantes le ordenaron en las urnas el primero de julio de 2018. 
Pero los resultados son escasos. Por ejemplo, en el combate a la corrupción da la impresión de que existe un pacto de impunidad que está beneficiando a muchos corruptos.

Por otro lado la curva de aprendizaje de los nuevos funcionarios no termina. Su desempeño deja mucho que desear. Hay demasiada improvisación y equivocaciones. Muy frecuentemente meten al presidente en serios problemas. A muchos les ha quedado grande el puesto.

Adicionalmente hay decisiones que ha tomado el gobierno de la Cuarta Transformación que son muy discutibles. Por ello en varios segmentos de la sociedad empieza a florecer el desencanto.
Veamos algunas de las más emblemáticas.

Se canceló de manera arbitraria el proyecto de infraestructura más importante que tenía el país, el aeropuerto de Texcoco. Se le reemplazó con un proyecto alternativo, el aeropuerto de Santa Lucia, el cual no cuenta con los permisos necesarios de impacto ambiental ni con las autorizaciones de estándares internacionales para poder operar. Existen además amparos otorgados por la justicia federal que están paralizado la obra.
Se derogó la reforma educativa para complacer a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
Se ha despedido a cien mil trabajadores del sector público que han pasado al desempleo condenado a sus familias a la incertidumbre y las penurias.
La generación de empleos se ha derrumbado. En el mes de mayo se registró la caída más pronunciada de los últimos años. Se quiere justificar lo anterior argumentando que hay una compensación con las becas de empleo que reciben los jóvenes ninis, pero esos no son empleos formales y tampoco son productivos.
Sigue habiendo un inaceptable desabasto de medicamentos en el sector salud. La producción de petróleo y energía ha caído. Se han cancelado las licitaciones de ductos, de explotación de crudo y gas y se ha decidido regresar al carbón y el combustóleo.
En el terreno de la economía todas las calificadoras de riesgo han reducido la calificación del país y la deuda de Pemex está a punto de convertirse en chatarra. AMLO insiste en que vamos a crecer al 4% anual, pero los pronósticos de los especialistas sostienen que el Producto Interno Bruto solo alcanzará el 1.5% anual los dos próximos años.
El 70 por ciento del presupuesto no ha sido ejercido. La seguridad se ha deteriorado significativamente. Mayo fue el mes más violento desde que existen mediciones al respecto, casi tres mil asesinatos.

Por otro lado el gobierno mexicano se doblego ante las exigencias de Trump y aceptó detener a los migrantes centroamericanos en nuestras fronteras norte y sur. Aceptamos desempeñar el indigno papel de Border Patrol al servicio del Imperio. Se van a movilizar 26 mil elementos de la Guardia Nacional para capturar a los indocumentados de Centro América y otras partes del mundo para llevarlos inmediatamente a centros de detención.

Pero aún hay más. El gobierno federal decidió dejar sin becas a los artistas, creadores, investigadores, científicos y deportistas. Retiro además el apoyo a las estancias infantiles.
Pero eso sí, les pagamos puntualmente a los jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Estas son solo algunas evidencias de que el gobierno de la Cuarta Transformación es un manojo de contradicciones.

El presidente López Obrador está viviendo días difíciles provocados por la conducta testaruda de Donald Trump.

Han sido días de tensión y desvelo en los que las amenazas del presidente norteamericano han desestabilizado nuestra economía. 
Trump insiste en aplicar impuestos abusivos a los productos de exportación mexicanos si nuestro gobierno no frena la ola de migrantes centroamericanos que buscan “El Sueño Americano”.

El presidente mexicano ha sido prudente ante las provocaciones del mandatario estadounidense. 
AMLO sabe que estaba enfrenando a un necio en una lucha desigual. Así que para proteger la economía mexicana ha tenido que actuar con inteligencia y pragmatismo.

Pero a muchos mexicanos no les ha gustado el contenido del acuerdo que el pasado viernes 7 de junio se firmó con el gobierno norteamericano. Piensan que es una imposición que nos humilla. Que no se actuó con dignidad y que hemos sido sometidos a los caprichos de Trump.

Donald Trump se ha dedicado a ofender a los mexicanos acusándonos de ser Engendros del Mal. Según él somos responsables de que importantes empresas estadounidenses hayan decidido instalarse en México y no en suelo norteamericano. Se duele de que el Tratado de Libre Comercio ha beneficiado más a la economía mexicana que a la norteamericana. Nos culpa de mandarles a su país a violadores y asesinos. Alega que “México envía 500 mil millones de dólares en drogas a Estados Unidos que matan a 100 mil personas”. Pero nada dice de la tolerancia que ellos practican para que esa droga llegue a los millones de adictos que existen en aquel país. Nos regaña por no frenar las caravanas de migrantes centroamericanos que vienen huyendo de la pobreza e inseguridad que se vive en sus países de origen.

Es injusto que Trump nos culpe por todo esto. El mandatario norteamericano nos quiere aplastar. Quiere que agachemos la cabeza frente a su poderío. 
Cree que los mexicanos somos tontos y que no sabemos que su discurso de odio es una treta para conseguir votos porque quiere relegirse en 2020. Con sus bravatas busca quedar bien con un segmento de votantes blancos que piensan que los mexicanos les estamos robado oportunidades de empleo y progreso.

Temporalmente el ultimátum para aplicar aranceles se detiene.
Por varios días Donald Trump estuvo amenazando con aplicar un arancel de 5% a las importaciones procedentes de México a menos que el gobierno del presidente López Obrador frenara el arribo de migrantes centroamericanos a la frontera norte. 
Esta injusta medida entraría en vigor este 10 de junio provocando consecuencias devastadoras para la economía de ambos países. 
La amenaza era tan absurda que empresarios norteamericanos, senadores de los partidos Demócrata y Republicano y los ex embajadores de Estados Unidos en México presionaron para que Trump desistiera y buscara una salida diplomática. El rubio presidente cedió aparentemente y hasta felicitó al gobierno de México por el acuerdo alcanzado.

¿Cuál fue el acuerdo?
México se comprometió a reducir de manera drástica el flujo migratorio de centroamericanos utilizando la Guardia Nacional. A partir de este 10 de junio 6 mil elementos de este cuerpo de seguridad serán desplegados a lo largo de la frontera con Guatemala para detener a cualquier contingente de migrantes que pretenda avanzar hacia los Estados Unidos. Esta medida ha generado fuerte críticas porque significa militarizar la frontera sur y porque pone en riesgo los derechos humanos de los migrantes ya serán enviados a centros de detención parecidos a un gueto o campo de concentración. Con esta acción se criminaliza a los migrantes.
El segundo acuerdo consiste en fortalecer el programa denominado Permanecer en México a través del cual todos los solicitantes de asilo que ya cruzaron a los Estados Unidos serán regresados sin demora a territorio mexicano y aquí deberán esperar la resolución de sus casos por parte de las autoridades estadunidenses. Con esta medida México se convierte en la policía preventiva del Imperio para hacer el trabajo sucio y se confirma como patio trasero de los norteamericanos.
En el tercer acuerdo del convenio se establece que si éstas medidas no brindan los resultados deseados, se retomarán las pláticas para volver a acordar otras acciones posibles en un plazo máximo de 90 días.

El mitin de Tijuana: “Acto de unidad en la defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con los Estados Unidos”. 
Luego de este desventajoso acuerdo con el gobierno Norteamericano el presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó un acto multitudinario en la ciudad fronteriza de Tijuana el pasado sábado 8 de junio.
Ante gobernadores, diputados, senadores, líderes religiosos y miles de ciudadanos dijo que “México y Estados Unidos no son vecinos distantes, ya que han sabido cooperar mutuamente y mantener una relación fraterna a pesar de los episodios de hostilidad que han tenido en épocas pasadas”.
En el evento el mandatario mexicano envió un mensaje al pueblo norteamericano manifestando que su gobierno colaborará para resolver el problema asociado al flujo migratorio, el cual, dijo, surge ante las carencias e inseguridad en los países centroamericanos y llamó a los países desarrollados, como Estados Unidos y Canadá, a trabajar en la mitigación de este flagelo en Centroamérica a través del desarrollo de oportunidades en esas naciones.

Pero a pesar de las buenas intenciones del presidente López Obrador todo indica que Trump seguirá usando a México como piñata. El convenio que se ha firmado no garantiza que el presidente norteamericano detenga su actitud provocadora.

El proceso de elección de dirigentes nacionales en el PRI se ha complicado. El barco tricolor se tambalea en medio de una tempestad provocada por conspiraciones, deserciones y deslealtades encabezadas por distinguidos miembros de su élite.

Para sus adversarios este conflicto representa el último clavo que remachará su ataúd. Así lo pregonan extasiados y con los ojos al revés los que ahora cantan un réquiem por el eterno descanso de su alma.

Pero hay demasiado dramatismo y mala fe en esta interpretación. Ya en otras ocasiones los enemigos del PRI han vaticinado su muerte, profecía que nunca se han cumplido.

Es cierto que la renuncia del doctor José Narro Robles como militante y aspirante a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional ha provocado estragos en la credibilidad de un proceso que apenas comienza.

La deserción del ex rector de la UNAM es un fenómeno que revela los profundos  desacuerdos que existen en la élite priista. Veamos.

El doctor Narro formó parte del gabinete de Peña Nieto y a finales de ese gobierno Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones y otros miembros de la clase política priista le hicieron creer que podía ser el candidato a la presidencia de la república. La promesa no se cumplió y el doctor no se sintió entonces agraviado ni tampoco se sublevó. Mantuvo lealtad y disciplina con su jefe político y con el PRI, incluso respaldó la decisión de postular a José Antonio Meade, un funcionario que ni priista era.

Expulsados del poder presidencial por Morena una parte de la llamada Nomeklatura priista decidió ante la cercanía del relevo de dirigentes nacionales cooptar a Narro para utilizarlo como moneda de cambio. Los más zorros, Beltrones y Gamboa, sedujeron al galeno y lo convencieron de jugar en el proceso interno. Estos siniestros personajes querían a través de Narro quedarse con lo que quedaba del PRI para explotar la marca y sus 9 millones de votos. Tal y como lo hicieron con Fox y Calderón durante “La docena Trágica” (2000- 2012). En ese entonces a estos maquiavélicos personajes no les pareció indigno negociar con el titular del Poder Ejecutivo.

Sucedió entonces que con la asesoría de estos dos viejos lobos de mar, Narro hizo una precampaña por todo el país para ganar adeptos, pero su acercamiento con las bases priistas tuvo una pobre recepción. De nada le sirvieron sus 46 años de militancia, al final nunca pudo entender la naturaleza profunda de la cultura política priista. Fue engañado y manipulado por la perversidad de Beltrones y Gamboa que ya se relamían los bigotes pensando que seguirían deleitándose con las mieles que escurren del poder.

El diablo metió la cola en esta conspiración y los sueños de seguir exprimiendo al PRI  se fueron al caño. Surgieron otros proyectos alternativos, uno encabezado por Alejandro Moreno, “Alito”, y otro comandado por Ivonne Ortega.

Despechados, Manlio y Gamboa decidieron emprender un lance temerario cuyo propósito era desprestigiar y descarrilar el proceso electivo de dirigentes. Nuevamente usaron a Narro para sus siniestros planes.

Esto explica por qué cuando se publicó la Convocatoria y vislumbrando que sus posibilidades de triunfo eran pocas, Narro decidió patear el tablero de juego e inventar una teoría de la conspiración para justificar su renuncia al PRI.

Estos motivos que Narro no admitiría en público despiertan suspicacias. Asombran sobre todo las acusaciones que lanza contra su antiguo jefe Enrique Peña Nieto. La narrativa con la que justifica su pretendida congruencia al renunciar despide un fuerte olor a resentimiento. Como todo buen académico que se ha leído la teoría de la propaganda al despedirse puso en marcha uno de los principios más corrosivos: “Calumnia que algo queda”.

Hay que destacar que a pesar de la rudeza con que Narro se fue del PRI, sólo ha recibido como respuesta muestras de cortesía y reconocimiento a su trayectoria. Se ha respetado su derecho a disentir y a ejercer la crítica. Pudo haberse quedado en lo que fue su partido durante 46 años, competir y denunciar durante los 40 días de proselitismo y durante los dos debates programados (17 de julio y 7 de agosto) todo aquello que según él está mal. No quiso hacerlo.

Ahora tal vez está por ocurrirle al muy  dramático, en los próximos días se va a enterar que Gamboa y Beltrones acabaron negociando con los ganadores de la contienda del próximo 11 de agosto.

 

En el tenebroso y exclusivo círculo en el que se mueve la clase política potosina las elecciones de 2021 ya comenzaron. Ya se habla de aspirantes, alianzas y probabilidades. Las distintas fuerzas políticas se están moviendo.

Esta agitación provoca la impresión de que son prematuros los movimientos tácticos encaminados a tomar ventaja, pero no es así. Los líderes de partidos y aspirantes a candidatos saben que tienen que actuar con base en un plan estratégico para incrementar sus probabilidades de éxito. Si se duermen, les comen el mandado.

Hay que recordar que el día de las votaciones será el primer domingo de julio de 2021, pero la ley electoral de nuestro estado establece que el proceso comienza en el mes de septiembre de 2020, es decir, un año antes. Esto explica la fiebre que domina la mente de los “Tapados” y sus equipos.

Morena, el Verde y los Gallardo, probable alianza.

En la iniciativa de promover alianzas el primero en dar un paso al frente ha sido el Partido Verde Ecologista de México. Fiel a su naturaleza mercenaria el Verde decidió dar por terminada su alianza con el PRI para ponerse al servicio de Morena.

Si se admite que en política lo que domina es el pragmatismo y que lo cotidiano es “el pacto con el diablo” se puede entender, aunque no justificar, la conducta de este partido que ni es verde ni es ecologista.

En sus cálculos de costo-beneficio para las elecciones de 2021 los verdes están convencidos de que una alianza con Morena en San Luis Potosí los puede mantener pegados a las ubres del poder.

El principal operador de este proyecto es Manuel Barrera, ex diputado de triste memoria.

El distinguido integrante de la “Ecuación Corrupta” tiene compromiso con dos aspirantes: Ricardo Gallardo Cardona y Cándido Ochoa Rojas.

La evidencia de que Barrera ya está jugando se manifestó en la entrega que realizó de la franquicia potosina del Partido Verde a los Gallardo.

Es del dominio público que a través de Manuel Velazco, ex gobernador de Chiapas, hoy convertido en uno de los principales aliados del presidente López Obrador, los Verdes firmaron un pacto de sumisión con Morena para ir juntos en las próximas elecciones. San Luis Potosí está en el paquete negociado.

El partido del tucán podría aportar al candidato de Morena por lo menos un 5% de la votación total que se emita en la elección de gobernador en 2021. Este capital político traducido en votos no es nada despreciable si se toma en cuenta que en las dos últimas elecciones de gobernador el ganador obtuvo la victoria por menos de 4 puntos porcentuales respecto de su más cercano competidor.

Si a este porcentaje se suma la aportación del movimiento gallardista que en el peor de los escenarios podría contribuir con un 10 por ciento de la votación total, el proyecto se vuelve atractivo.

Así que la apuesta no es del todo absurda, al margen de la promiscuidad que se comete y de los principios que se sacrifican.

¿Y qué pensarán los morenos de pura cepa y los ciudadanos de a pie? 
Para ser exitosa una maniobra como ésta tendrá que pasar por tres filtros. El primero es el de los militantes radicales de Morena que por lo visto se oponen. El conflicto ya fermenta en las entrañas de Morena por la presunta alianza y no es posible estimar en este momento que va a pasar.

El segundo cedazo es el de los ciudadanos sin partido que por lo general tienden a votar por la persona y su historia de vida, más que por los partidos. Entre estos votantes, el Verde y sus nuevos dueños, los Gallardo, despiertan recelos y rechazo.

Por último existe un tercer filtro, el más importante y definitivo, la opinión del presidente López Obrador, líder único e indiscutible de Morena.

Cuando el presidente tenga que palomear al candidato a la gubernatura para San Luis Potosí tendrá que considerar no solo la rentabilidad electoral del suspirante, también influirá en su decisión, y mucho, que el elegido haya dado testimonio público de que comparte, respeta y encarna los valores que dieron origen al partido-movimiento que él fundó. Principalmente en lo que tiene que ver con cero antecedentes de corrupción.

Así que, la moneda está en el aire.

La incertidumbre provoca angustia, dudas, desvelos. Es incomodo vivir sin saber qué nos depara el destino. Esto quizás porque “es en el futuro donde pasaremos el resto de nuestras vidas”. Por eso buscamos estar al tanto de lo qué puede pasar.

Para aplacar la zozobra algunos recurren a las predicciones de los horóscopos o consultan a los Arcanos del Tarot, otros más piden el consejo de un vidente.

En el mundo de la política ocurre algo parecido. La mayoría de “los grillos” practican el juego del Tapado, deporte nacional que consiste en intentar adivinar quiénes pueden llegar a los cargos de elección popular.

Hay muchos que lo practican en forma rupestre, son falsos profetas. Pero hay otros que utilizan metodologías creadas por la Ciencia Política. Investigan, documentan, analizan, construyen escenarios y luego hace prospectiva (predicciones). Otros más acuden a las encuestas para obtener evidencia acerca de los actores políticos que pueden llegar a obtener algún cargo.

En San Luis Potosí faltan todavía dos largos años para que haya elecciones pero el juego del Tapado ya se hizo presente. Periodistas, académicos, analistas y políticos han empezado a teorizar acerca de quiénes pueden ser candidatos a los diversos cargos de elección popular que estarán en disputa en el 2021.

De forma destacada se observa un marcado interés en vaticinar quienes pueden llegar a ser candidatos a la gubernatura. Y aunque el reloj de las definiciones no ha marcado aun la hora de la verdad ya hay mucha especulación.

El que aspira, suspira.

A pesar del poco valor predictivo que puede tener en estos momentos incluir o descalificar a los potenciales  aspirantes a gobernador vamos a señalar a los que ya se han instalado en las agitadas corrientes de especulación y trascendidos.

En Morena, partido que es percibido como el más fuerte y enemigo a vencer en 2021 se señala a Gabino Morales Mendoza como el más adelantado de los aspirantes por su cercanía con el presidente Andrés Manuel López Obrador y por el control que tiene de  los presupuestos y programas asistenciales que le permiten ir construyendo bases de apoyo que pueden convertirse en votos. Como funcionario público aún no ha mostrado un  desempeño sobresaliente que lo acredite como  hombre de Estado. Sin embargo los que apuestan por él confían en el afecto que le dispensa el presidente de la república para afirmar que puede ser candidato a gobernador.

Tenemos también a Esteban Moctezuma Barragán, actualmente secretario de Educación del gobierno federal. Es un político profesional con amplia trayectoria en el sector público y privado. Su desventaja es el insuficiente arraigo que tiene en el estado, obstáculo que no le quita posibilidades.

Luego hay que contar al senador Primo Dothe Mata que se ha dejado seducir por el canto de las sirenas y ha pregonado a los cuatro vientos que él también quiere.

No hay que descartar a Leonel Serrato, abogado y militante histórico del movimiento ciudadano y uno de los herederos del navismo. Es un hombre preparado, firme en sus convicciones y habilidoso para operar políticamente.

Otro que ya abrió sus aspiraciones es el historiador y antropólogo Joaquín Muñoz Mendoza un prestigiado académico e investigador que en 2015 fue candidato a la presidencia municipal por Morena en la ciudad capital. 

El antropólogo ha sido un duro crítico de las desviaciones y errores de los dirigentes locales de Morena. Es un hombre preparado, con prestigio y cuenta a su favor su perfil ciudadano.

En el PAN hay bastantes aspirantes. En su interior habitan distintos grupos que están luchando para conseguir la nominación. Y aunque hay divisiones y agravios es probable que al final no se fracturen. Este partido puede ser unos de los más competitivos en 2021.

Como precandidatos destacan Marco Antonio Gama Basarte, Sonia Mendoza, Octavio Pedroza, Alejandro El Boris Lozano y Xavier Azuara.

Xavier Nava se cocina aparte. Podría ser postulado por Acción Nacional pero además respaldado por otros partidos políticos. Sus estrategas trabajan para que sea el candidato de un Frente Amplio. Sus posibilidades de éxito dependen de que haga un buen papel en el Ayuntamiento de la capital y de que gane la guerra que mantiene con el clan de los Gallardo. De lo contrario quedará fuera.

En el PRI hay también jugadores. Luis Mahbub, Gustavo Puente Orozco, Daniel Pedroza Gaitán, Jesús Ramírez Stabros, Joel Ramírez Díaz, Alejandro Leal Tovías, Fernando Chávez Méndez,  Sara Rocha Medina, más un posible candidato externo que en este momento es todo un misterio.

El partido tricolor atraviesa por un momento difícil. Ha perdido fuerza y antes de definir a su candidato a la gubernatura para 2021 deberá gestionar con éxito la elección de sus dirigentes nacionales, llevar a cabo una Asamblea Nacional, conjurar cualquier brote de división y evitar la migración de  militantes a Morena.

Tiene a su favor la fortaleza que se alimenta de contar con un gobernador priista que puede convertirse en el organizador de los esfuerzos colectivos priistas para conservar la gubernatura en 2021.

Por el Verde Ecologista hay que anotar a Cándido Ochoa Rojas y  a Ricardo Gallardo Cardona que hoy cuentan con la franquicia de partido del tucán, pero que también podrían obtener la postulación por el partido de Morena. En ello están trabajando los polémicos Gallardo.

Finalmente hay un personaje político que podría crecer y postularse como candidato independiente, el actual alcalde de Ciudad Valles, Adrián Esper Cárdenas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

- Se pone en riesgo la vida de los pacientes// // Renuncia el director del IMSS// Primera crisis en el gabinete de AMLO//

Miles de enfermos en el país están sufriendo un calvario por la torpeza cometida por el gobierno federal que decidido recortar el presupuesto al sector salud.

De manera absurda la Secretaría de Hacienda congeló dos mil 300 millones de pesos  del presupuesto asignado a 26 institutos, hospitales y centros de alta especialidad. Ordenó, además, reducir un 30 por ciento los gastos operativos a estas instituciones.

El IMSS y  el ISSSTE son dos de las entidades más afectadas.

La decisión está poniendo en riesgo la vida de miles de enfermos y provocado una crisis en el sector salud.

Las familias de los pacientes están molestos porque día a día sufren desatención y carencias en clínicas y hospitales. Ven como sus enfermos se deterioran porque no hay calidad en los servicios hospitalarios, las medicinas son escasas, faltan quirófanos y las cirugías se autorizan a cuenta gotas. Falta personal, se ha despedido a 10 mil trabajadores de confianza que laboraban por contrato, incluidos médicos y enfermeras. Las consultas con especialistas se programan hasta tres meses después no importando si el enfermo está grave.

Hacienda ordeno adicionalmente reducir un 50% la subcontrataciones de servicios a terceros, como son pruebas de laboratorio, recolección de biológicos infecciosos, químicos y no infecciosos. Los proveedores de medicamentos no han recibido los pagos que les adeudan desde hace meses y las pocas obras de infraestructura hospitalaria que se están construyendo presentan avances mínimos.

El gobierno niega el caos y justifica su incapacidad echándole la culpa a la anterior administración,  a pesar de que tiene ya seis meses con la responsabilidad de resolver las demandas de los ciudadanos y de que cuenta con el dinero que le autorizo la cámara de diputados desde diciembre del año pasado.   

La austeridad desalmada con que están tratando a las instituciones de salud está asfixiándolas.

Por más esfuerzos que hacen médicos, enfermeras y administradores de hospitales les es imposible atender con calidad y oportunamente a los derechohabientes por tantas carencias que ha provocado la arbitraria decisión de la Secretaría de Hacienda.

Esta insensibilidad ha generado una crisis que atenta contra lo más preciado que posee el ser humano: Su salud.

Afortunadamente desde el pasado sábado 25 de mayo la Secretaría de Hacienda empezó a liberar los recursos que estaba quitando al sector salud luego de fuertes presiones en la opinión pública y gracias a que diputados federales de  la Comisión de Hacienda los obligaron a rectificar.

Renuncia el director general del IMSS.

La afrenta cometida por la Secretaría de Hacienda provocó que el pasado 21 de mayo Germán Martínez Cázares renunciara a la Dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

No fue una despedida amable. En su carta del adiós hace revelaciones que ponen al descubierto las pugnas internas, el abuso, la improvisación y la falta de planeación que caracterizan al gabinete del presidente López Obrador.

Martínez Cázares acusa en su carta de renuncia que “algunos funcionarios de la Secretaría Hacienda tienen una injerencia perniciosa en el IMSS y ponen en riesgo la vocación igualitaria, de justicia y, concretamente, de prestación de servicios de salud que tiene el Seguro Social”.

“Este control del gasto tiene dos consecuencias fatales: una directa para el IMSS: pasillos de espera llenos de personas adoloridas y mal trato o retraso en la atención a pacientes; y un segundo efecto indirecto todavía peor: el fortalecimiento de los servicios de salud privados, que ocasionan mayores ‘gastos en los bolsillos’ de las familias cuando sus seres queridos tienen un padecimiento”.

La renuncia del ex director del IMSS Germán Martínez Cázares a la que se suma ahora la de la Secretaria del Medio Ambiente Josefa González-Blanco, son duros golpes al gobierno de la Cuarta Transformación.

Tenemos la primera crisis en el gabinete de AMLO, lo cual nos deja ver que no es lo mismo ser oposición intransigente que gobierno de resultados.